Para muchos padres australianos, compartir la ubicación no consiste en controlar cada uno de sus movimientos. Se trata de disipar las incertidumbres del día a día: saber que su hijo ha llegado sano y salvo al colegio, tener la seguridad de que ha llegado al entrenamiento o evitar el típico «¿Dónde estás?» de las 16:15.
